Editorial

La frivolización de la política como estrategia electoral

Varios los casos en los que políticos se acercan a las mujeres del espectáculo como especulación electoral.

El escándalo que desató la separación del ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli con la modelo Gisela Berger, por la tercera en discordia, Sofía Clerici, desencadenó una serie de reflexiones sobre la veracidad del escenario y la posible especulación de la situación como una estrategia política y electoral.

Lo cierto es que Scioli no es el primero en incursionar con las mujeres ligadas a lo mediático, al modelaje y la actuación. Los casos más recientes incluyen al gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey quien se casó con Isabel Macedo luego de unos pocos meses de noviazgo. Y un poco más atrás en el tiempo, aparece el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, quien contrajo matrimonio con Jesica Cirio.

No está de más mencionar las paupérrimas apariciones en televisión del diputado bonaerense de Frente Para la Victoria, José María Ottavis, junto a quien por aquel entonces era su pareja, la excéntrica Victoria Xipolitakis, escenas que llenaron de vergüenza ajena a todo el pueblo argentino. En este caso en particular, el tiro le terminó saliendo por la culata porque concluyó por desprestigiarlo en el ámbito político, y disminuyó notoriamente su apoyo y conducción dentro de La Cámpora.

Estos episodios que, sin duda no son aislados, representan una especie de estrategia a la hora de afrontar años eleccionarios, una suerte de maniobra para sumar notoriedad y conocimiento entre la gente, a través los medios de comunicación. Por tal motivo, la táctica que utilizan varios políticos es acercarse a una mujer mediática para que su nombre empiece a circular en diarios, revistas, noticieros y programas televisivos de espectáculos para lograr que los votantes los adviertan.

De todos modos, la situación específica de Scioli en el que la exposición también aparenta ser una estrategia electoral, parece ser que no estaría siendo tan conveniente por la magnitud del escándalo, en el cual no solo se vislumbra un episodio de infidelidad, sino que además aparecen temas delicados como el aborto. Habrá que esperar a octubre para ver si realmente frivolizar la política sirve o no como método. 

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