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Una charla con José Massaroli, "hombre de historieta, historia y política"

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Por Ariel Avilez (*), especial para NOVA

Es dibujante y guionista de historietas desde hace décadas. Nació en Ramallo, provincia de Buenos Aires, el 30 de septiembre de 1952, y en llos ´70 se estableció en la ciudad de Buenos Aires, donde fue alumno de Ángel Borisoff y Pablo Pereyra.

Su producción es innumerable, pero se recuerda mucho su paso por Editorial Columba donde dibujó, entre otras, historietas con guiones de Héctor Germán Oesterheld (Haakon, 3 por la Ley), Robin Wood (Dennis Martin) y Ricardo Ferrari (Encuentros Cercanos).

También realizó gran cantidad de historietas humorísticas (trabajó en el estudio de García Ferré (creador de Hijitus y Larguirucho) y pasó además por el terreno de los dibujos animados. Entre la gran cantidad de trabajos que realizó para el exterior, suele destacarse que durante década y media fue uno de los dibujantes de las historietas de “El Pato Donald”.  Actualmente, el grueso de sus viñetas se inscribe dentro de lo que ha llegado a llamarse "historieta histórico-revisionista". 

Tan talentoso como cordial, accedió a reunirse recientemente conmigo en un barcito de Flores y mantuvimos una animada charla que giró especialmente en torno a sus laburos más recientes, de su visión de la historia y de la política, y de otras tantas pasiones.

La idea es comenzar a desandar su camino del presente hacia atrás, y lo más presente que tengo en mi cabeza es el trabajo que hizo con Marcelo Pulido, “El Manuscrito”. ¿Qué nos puede contar acerca de cómo surgió esa obra?

— Bueno, El Manuscrito surgió ya hace unos años, creo que en 2013, cuando con la editorial La Duendes presentábamos un libro de recopilación de historietas de Orquídeo Maidana. Y Pulido estuvo presente en ese evento y me propuso -sorpresivamente para mí y no pude decirle que no- hacer esta historieta referida a “El Eternauta”, donde el personaje sería Héctor Germán Oesterheld; con estos elementos, era realmente un desafío muy importante para mí. Y así, una vez que acepté, empezaron los problemas, como suele suceder (risas).

¿Decidieron emprender la aventura sin tener un editor previamente o Pulido, que es el editor de Historieteca, se había comprometido a bancar él la edición?

— Claro. Pulido tenía previsto que la revista Fierropublicara en forma de episodios la historieta a medida que la fuéramos haciendo, y esa era una forma de financiarla. Ya sabíamos que Fierro mucho no paga, pero era un modo de que el dibujante, que es quien más tiempo invierte en esto, pudiera ir sobrellevándolo. Pulido ya tenía escrito el guión. Después de un tiempo en que yo dibujé varias páginas de muestra, esto no resultó, no tuvimos respuesta de la revista tras un año. Entonces Marcelo Pulido decide que la hagamos de todas maneras, asumiendo él la responsabilidad de darme un adelanto por mi trabajo, porque de otra manera para un dibujante profesional es casi imposible hacer un laburo de esta magnitud y de la importancia que tenía. No era dibujar una historieta cualquiera sino dibujar nada menos que a Oesterheld protagonizando una suerte de secuela de “El Eternauta”. Entonces eso me permitió abocarme de lleno a dibujar la historieta. Me tomó hacerlo entre 2014 y 2015. Luego pasó un tiempo, se fue demorando la confección del libro entre una cosa y otra, hasta que recién a fines del año pasado, 2016, salió a la venta.

Como una coedición de la Historieteca con Doedytores. ¿Conoce cómo se hizo esa conexión?

— La conozco desde afuera. Es decir, una vez que yo hice mi trabajo, quedó todo en manos de Marcelo que, dada su cercanía con Doeyo -dueño de Doedytores- concretó por ese lado la publicación del libro, cosa que a mí me pareció muy bien. Para mí fue un honor el haberme introducido en el universo de “El Eternauta”, que tiene un significado tan grande.

¿Qué repercusión tuvo este trabajo? Sé por ejemplo que Banda Dibujada los va a premiar.

— Sí sí. Hay una mención especial, es decir, está como fuera de concurso para los premios que Banda Dibujada otorga todos los años. Lo ven como un homenaje a Oesterheld, que es realmente la intención de la obra.

¿Cuál fue su aporte desde lo gráfico tras la presentación del guión? ¿Qué considera Ud. que aportó y que enriqueció este trabajo?

— Bien, la cosa era no imitar a Solano López pero, por otro lado, sí estar a la altura del universo gráfico de “El Eternauta”, que ya tuvo protagonistas -además del propio Solano- como Alberto Breccia y otros dibujantes de fuste. Así que decidí reducir la cantidad de líneas a lo mínimo, es decir, trabajar más con luces y sombras, con blancos y negros. Lo tomé como una historieta en la que los grises estaban de más. Aparte, es bastante negro el panorama que pinta Pulido...

Desde ya. Es una historia que cuenta la desaparición forzada de Oesterheld, que aparece en “El Eternauta” con el nombre de Germán.

— Claro, cuenta prácticamente su desaparición, nutriéndose de anécdotas reales como las que contaba Miguel Rep acerca de las huellas de barro que dejaba Oesterheld cuando se acercaba de la Editorial Record... Cosas así están en la historieta, y hacen que uno no se lo tome a la ligera y pretenda hacer un trabajo muy sentido ¿no?

Quedó conforme, entonces, con lo que es el producto final.

— Uno nunca queda conforme del todo porque siempre uno siempre quiere hacer más. Pero creo que salió un trabajo digno, sí.

A Ud. se lo relaciona con lo que alguien llamó "historieta histórico-revisionista" ¿Realmente se considera dentro de esa corriente?

—Yo diría que sí, porque vengo haciendo historieta histórica y se puede decir que es revisionista en el sentido de que no sigo para nada la línea mitrista impuesta en la educación y en la “historia oficial” desde los tiempos de Mitre, al contrario, sigo la historia de los que corrigieron este enfoque. La historia mitrista es una historia sesgada desde el punto de vista que justifica el estado de las cosas que se instauró después de la Batalla de Caseros, el advenimiento del liberalismo que prácticamente entregó al país a manos del capital inglés en aquel momento. A mí lo que me interesa en la historia es mostrar que hubo héroes, protagonistas que lucharon por defender lo nuestro en contra de la visión de esta gente que lo único que buscaba era lucrar entregando nuestras tierras y nuestra economía.

¿Ud. cuando escribe y dibuja estas historietas piensa en algún público en particular, o hace la historieta que quiere hacer y piensa en Ud. como lector?

— Creo que la segunda opción es la verdadera. A lo mejor es un error. He notado que hay gente que interpreta que La Vuelta de Obligado y La Guerra del Paraná está hecha para chicos, porque está en colores y dice "qué bueno que esto llegue a los chicos". Y en realidad yo no las hice pensando en los niños, las hice pensando para que cualquier persona que sepa leer las entienda, que no es lo mismo.

Y está bueno. Es casi una definición del sentido de la historieta popular.

— Exactamente. La idea es que cualquier persona que sepa leer y ver los dibujos, las entienda; obviamente, trato de no hacer nada que no se entienda dentro de estos parámetros.

¿Cuándo considera que empezó Ud., dentro de lo que es su obra, a transitar esta línea histórico-revisionista?

— Empezó hace mucho tiempo, en la década del ochenta cuando, trabajando en el diario La Voz, comienzo a hacer Juan Moreira, que no entra exactamente en lo histórico-revisionista pero que fue el primer paso en esa dirección, haciendo la novela de Eduardo Gutiérrez en historieta. Cuando la termino, y ya que el diario la publicaba a razón de una página por día, me digo ¿qué hacemos ahora? Y ahí es cuando se me ocurre contar la vida de Manuel Dorrego en “Fusilen a Dorrego”, figura que en aquellos tiempos -estamos hablando de 1984- no era tan conocida como ahora, que con libros como el de Hernán Brienza y tantos otros ha sido muy rescatada incluso por el Estado y por el gobierno anterior.

Era un personaje lateral, Dorrego. Era un coprotagonista de la historia argentina.

— Claro. Incluso yo lo conocía, como dice Ud., como coprotagonista de la historia que cuenta Ernesto Sábato en “Sobre Héroes y Tumbas”, donde Juan Lavalle marcha hacia su muerte arrepintiéndose de haber fusilado a Dorrego; es decir, ahí el protagonista es Lavalle. Pero tras leer esa novela, a mí me quedó más la intriga acerca de por qué realmente lo había fusilado y cómo había sido eso... Así que cuando terminé Moreira y se me ofreció la posibilidad de seguir colaborando con el diario, me dije “metámonos en ese tema”, dibujemos la vida de Dorrego y, de paso, investiguemos. Es decir, fui haciendo las dos cosas al mismo tiempo. Busqué documentación al respecto, empecé a leer la revista Todo es Historia y, fundamentalmente, el libro de Pavón Pereyra, “Pasión y Muerte de Dorrego”. En base de todo eso fui haciendo la historieta. No existía Internet y no era fácil encontrar documentación. Ese fue el comienzo y yo me sentía bien haciéndolo porque sentía que iba descubriendo nuestra verdadera historia más allá de lo que había aprendido en la escuela. Ahí estaba por qué lo habían fusilado a Dorrego, por qué Lavalle había recibido cartas de gente de la oligarquía donde prácticamente lo presionaban para que fusilara a Dorrego. Siguiendo esa huella, una vez que terminé esta historieta, encaré “Facundo”, la vida de Facundo Quiroga, y luego la vida de “El Chacho” (Ángel Vicente Peñaloza)... y ahí es cuando el diario, poco antes de cerrar, trata de cambiar la tónica editorial como una forma de supervivencia, que no sea tan politizado, y me piden que la corte con Peñaloza y que haga otra cosa (risas). Que es cuando empiezo a hacer Orquídeo Maidana... La historieta de El Chacho quedó inconclusa, pero ahí es donde tenemos el gancho con el presente: todo este material durmió en mis archivos durante décadas, e incluso yo no sabía si tenía algún valor o no, porque no había habido prácticamente eco a todo este trabajo, debido en parte a que el diario tampoco tenía mucha circulación y que no era visto por gente del ambiente de la historieta...

¿Qué alcance tenía el diario La Voz?

— Era muy limitado, lo compraba gente que tenía intereses políticos muy concretos en ese momento, era un diario peronista de izquierda... Salía en Buenos Aires y llegaba muy poco al interior. Estábamos con las recientes elecciones del '83, los primeros tiempos de Raúl Alfonsín como presidente, todo estaba muy politizado pero la gente de la historieta estaba en otra cosa, obviamente. Entonces todo este trabajo había quedado ahí. Yo recuerdo que Silvestre Szilagyi, dibujante y gran amigo, era el único que prácticamente me recordaba la existencia de todo ese trabajo; y se lo agradezco mucho, porque yo mismo me lo estaba olvidando. Hasta que en el año 2009, más o menos, Alejandro Aguado, conductor de La Duendes, una editorial patagónica con presencia en Internet, me contacta para publicar Juan Moreira en su blog Historieta Patagónica. Y ahí descubrimos que, a pesar de que se creía que la historieta gauchesca estaba muerta y enterrada -el único sobreviviente era Carlos Casalla, queen un diario de Río Negro estaba publicando Cabo Savino-, había interés por el género; gente que no sólo la leía, sino que a partir de la publicación de Moreira, comenzó a hacer historietas de tema gauchesco. Ahora recuerdo a Oenlao, el guionista, a Fer Gris o a Mariano Antonelli...

Ud. mismo para La Duendes escribió y dibujó un homenaje a Cabo Savino.

— Sí sí, y ahí participamos varios. Así que se produjo como una especie de revival de la historieta gauchesca en el que pienso que Moreira contribuyó de algún modo. Entonces fue como volver a hacer el camino que había hecho en La Voz, ahora en La Duendes, primero publicándolas en Internet, y luego en formato de libro. Después de Moreira publicamos Dorrego, Facundo y El Chacho. El Chacho estaba inconcluso, así que por lo menos tenía que cerrar la historia de manera que tuviera un final lógico; y ahí es donde recupero páginas bocetadas antiguas y hasta un borrador del guión que por suerte había conservado. Así que las páginas que tenía bocetadas las terminé de dibujar directamente sobre el mismo papel, ya amarillo (risas), y completé los guiones volviendo a repasar los libros acerca de El Chacho. Fueron entre diez y veinte páginas nuevas. Ese libro sale a fines de 2015, y es ahí donde cierro este ciclo de historietas históricas que venía de haberlas comenzado en la década del ochenta.

Y ahí es donde empieza una nueva tanda de historietas que son las que publicó Ediciones Fabro, ¿no?

— En cierto modo. Pero Fabro me empezó a publicar alrededor de 2012. Fue cuando Felipe Avila, conductor del Grupo Rebrote y amigo, me contacta con Fabian D'Antonio, que no publicaba historietas pero sí material de pensamiento e historia nacional, material con el que yo podía estar de acuerdo. Me llama luego y me ofrece la posibilidad de hacer “La Vuelta de Obligado” en historieta, con la colaboración de Avila y dos miembros del Estudio Géminis, Silvestre Szilagyi y Gaspar González en la tinta.

Antes de seguir con el resto, hablemos por favor de la polémica última página de “La Vuelta de Obligado”... (risas)

— Sí, fue una página polémica.

Vamos a contarla: en ella, aparece Cristina Kirchner en un determinado contexto...

—Aparece la por entonces presidente inaugurando el monumento a los héroes de la Vuelta de Obligado en la Vuelta de Obligado, convertido en un parque. Y el mío era un reconocimiento al único presidente que estuvo en el lugar e hizo el merecido homenaje a los protagonistas de esta batalla y, además, impulsó la remodelación de todo el lugar, que estaba muy abandonado -yo lo conozco de cuando ahí no había nada-. Asique ver todo eso, la obra, las señalizaciones de dónde estaba ubicada cada batería, donde hay un museo alegórico en el que hay cadenas, bayonetas y balas de la época, me convenció de que era importante mostrarlo como final de la historieta, me pareció redondo. Porque la historieta empieza con una anécdota que contaba Pacho O' Donnell y que luego me enteré que venía de José María Rosa, de la década del sesenta, de cuando la resistencia peronista pintaba en las paredes "Obligado vuelve"; cae la Policía, agarran a palos a los que estaban haciendo la pintada, y uno de los policías que estaba apaleando a uno de los muchachos, le dice: "Entendelo, ¡Ese obligado no vuelve más!" (risas). Y ya que la historieta arrancaba con eso, me pareció bien terminarla con el presente, con la reivindicación que hacía Cristina de La Vuelta de Obligado.
La polémica viene por otro lado, era el momento en que empezaba la grieta, y no habíamos percibido que la grieta ya llegaba hasta dentro del mismo Partido Justicialista. Es decir, los sindicalistas se habían hecho a un lado del gobierno de Cristina; y da la casualidad de que nuestro editor contaba con que buena parte de la edición se la compraran los sindicatos para distribuir entre sus afiliados... y eso no ocurrió, precisamente, debido a esa imagen. Aunque parezca mentira, todo venía bien hasta que veían la última página (risas). En aquel momento para mí fue una sorpresa muy grande porque no lo esperábamos.

Este libro es parte de una trilogía acerca de La Guerra del Paraná. Háblenos de los otros, por favor.

— Fue algo trabajoso, fue una lucha como para estar más o menos a tono con lo que estábamos contando, que fue una lucha muy dura contra los invasores. La nuestra fue una lucha contra las circunstancias, contra la economía... El editor evidentemente tenía problemas económicos y eso hacía que no pudiéramos mantener el ritmo de trabajo, y nos fuimos demorando. En 2014 recién salió la segunda parte, que en realidad es una precuela en la que decidimos contar todo lo que ocurre antes de La Vuelta de Obligado, lo que lleva a ese desenlace, los preparativos. A mí me parecía que eso era importante que se sepa, porque en la escuela siempre se contó La Vuelta de Obligado como un hecho aislado, y entonces la imagen que la gente tiene es que fue un momento ahí en que Juan Manuel de Rosas se volvió loco, se le ocurrió poner cadenas en un río para hincharle las pelotas a los inversores, a los ingleses que venían a comerciar: ellos venían a comerciar y Rosas no los dejaba. Y no, la cosa tenía su historia, venía de antes, y me pareció importante contar que antes de eso, ingleses y franceses prácticamente le robaron la flota al Almirante Brown en frente de Montevideo, lo habían dejado sin barcos, a pie; y algunos de esos barcos, precisamente, eran los que iban al frente cuando llegaron a La Vuelta de Obligado con banderas francesas o inglesas. Este segundo libro se llama “Vienen por los Ríos (o el Camino Hacia Obligado)”, e incluimos ahí las andanzas de Giuseppe Garibaldi por el río Uruguay con otros barcos robados al Almirante Brown; Garibaldi, que para los italianos es un héroe pero que acá se dedicaba a saquear las poblaciones de la costa entrerriana y uruguaya.

¿Cómo nos explicamos que Garibaldi tenga tremenda estatua en Plaza Italia?

— Lo explicamos porque Mitre fue el que ganó (risas), ganaron los que estaban precisamente del lado de los invasores. Mientras la flota inglesa y francesa avanzaba sobre el Paraná, en Montevideo, Mitre y sus amigos homenajeaban a Domingo Faustino Sarmiento que estaba de paso hacia Francia llevando su Facundo, donde hablaba pestes de Rosas, y eso iba a servir para justificar la intervención francesa acá. Nos iban a estar haciendo un favor, nos iban a liberar.

El tercer libro de esta trilogía salió hace poco.

— Recién lo pudimos publicar a comienzos de este año, y se llama “Victoria en el Paraná: Después de Obligado”. ¿Por qué? Porque otra de las cosas que no nos habían enseñado en la escuela es que la cosa no terminó en La Vuelta de Obligado. En Obligado no es que la flota rompe las cadenas y pasa alegremente: estuvo detenida cuarenta días arreglando los barcos, porque habían quedado hechos un colador; o sea, la resistencia criolla había sido dura, había sido importante. Recién después de ese tiempo reanudan la navegación por el río Paraná, y ahí se encuentran con que a cada paso los vuelven a atacar los criollos. Lucio Mansilla y sus cañones van siguiéndolos por el río y, en un lugar caro a mi infancia llamado El Tonelero, perteneciente al partido de Ramallo, de donde yo provengo, se los cañonea varias veces; y luego también más adelante, en San Lorenzo, en Acevedo... El negocio les estaba saliendo caro, los barcos se les estropeaban más, la mercadería se hundía; llegaron a Corrientes, algún barco llegó al Paraguay, pero ahí tampoco lograron vender mucho de lo que pensaban vender y, a la hora de la vuelta, descubren que no era tan fácil porque en la Angostura del Quebracho, un lugar ideal para la defensa, los esperaba Mansilla con sus cañones... Tardaron más de seis meses en juntar coraje y bajar por el río. Bueno, todo eso es lo que yo cuento en el tercer libro y que narra una victoria nuestra porque se les hundieron varios barcos, los demás quedaron muy averiados y, cuando logran llegar de vuelta a Montevideo, buscan la forma de hacer la paz con Rosas e incluso llegan a desagraviar nuestra bandera con veintiún cañonazos, y se van como vinieron. Es decir, no lograron lo que pretendían, que no era sólo comerciar, porque lo ellos querían era crear la República de la Mesopotamia, es decir, que Entre Ríos, Corrientes y tal vez Paraguay y Uruguay, formaran una república aparte que se independizara y estuviera teledirigida por los ingleses. Bueno, eso no lo consiguieron, precisamente, por el fracaso de esta invasión.
Entonces a mí me pareció muy importante contar todo esto en historieta, que es lo mío, porque la gente en general no lo sabe.

¿Qué proyectos tiene Ud. en el futuro inmediato?

— Te puedo decir qué estoy haciendo ahora: estoy extrañando un poco la historieta. Pero estoy haciendo cosas relacionadas, estoy haciendo las ilustraciones para un video que va a relatar el tema de cómo se llega a la Constitución de 1853 y cómo se elabora. Es un video que aparte de los dibujos tendrá otros elementos: música, voces, mapas. Es un proyecto de gente relacionada con el Museo de la Ciudad de Santa Fe donde está todo lo relativo a la Constitución del 53 que se realizó en esa ciudad; todo está hecho para que forme parte de lo que será la presentación del museo.
Por otra parte, y pese a que no me gusta hacer dos trabajos al mismo tiempo pero a veces no queda otra, estoy cumpliendo lentamente un compromiso que tenía desde antes, que es retomar un proyecto relacionado con la Patagonia, con Las Grutas, unos personajes llamados Los Grutynos, creados por Beto Noy, dibujados por Ramón Gil, amigo y compañero y colorista de La Vuelta de Obligado. Durante dos años, hicimos una historieta en tiras -yo escribía los guiones- para el diario Noticias de la Costa, pero luego el proyecto quedó un poco varado aunque ahora lo estamos retomando para hacer más cosas; y una de esas cosas, la que me corresponde a mí, es escribir una nueva historia de Los Grutynos. Como de costumbre, las ideas son de Beto Noy y a mí me toca desarrollarlas, antes les daba forma de historietas, ahora, en este caso, les daré la forma de un cuento, casi una novela, que será ilustrada por Ramón Gil. De este relato que servirá de base, puede salir una historieta, una novela, una comedia musical... Y una de las cosas en las que estamos pensando si todo sale bien, sería hacer para la época de Semana Santa un festival de historietas en Las Grutas.

Ya hablamos de Ud. como dibujante, guionista y narrador en general. Me gustaría que nos cuente también acerca de su participación como editor en las publicaciones de Rebrote que quedaron como truncas, no salieron muchos números.

— ¡Como tantas cosas! Hace varios años, me comunica Felipe Avila -que es el creador del nombre y del concepto de Rebrote, que incluso tenía un sitio en Internet-, junto a algunos otros amigos, su decisión de reflotar el proyecto Rebrote. Y me convoca junto con otra gente afín y, después de varias reuniones, quedamos en el grupo Felipe Avila, Charlie Casares, Marcelo Bukavec, Víctor Segovia y yo.
La idea original era difundir la historieta nacional, a los autores, a las obras menos conocidas, organizar homenajes y charlas, todo eso. Y empezamos con un evento que, dentro de todo, fue bastante grande: un homenaje a Lucho Olivera en la Biblioteca Nacional. Luego aparece un editor -yo no sé si para bien o para mal- que nos propone sacar revistas; obviamente, el entusiasmo fue mucho, y como la idea de él era sacar una revista, cuando estábamos yendo a verlo, decidimos con Felipe: "propongamos hacer dos". Y cuando le decimos "dos", el editor retruca y dice "no no no, que sean tres". ¡Imaginate! Sacar tres revistas de la nada era genial... Así que nos entusiasmamos y comenzamos a convocar a dibujantes amigos. El editor nos aseguraba distribución, imprenta, papel...

¿Cuál era el nombre del editor?

Julio Vivas. Él aseguraba todo lo anterior, lo nuestro consistía en aportar el material y, obviamente, la ideología y la conducción del grupo. Al principio estuvimos de acuerdo en que fuera todo de autores nacionales sobre temática nacional; que de alguna manera no fuera el cowboy que anda por Arizona o el detective que está en Los Ángeles... Si era un astronauta, que fuera argentino; si era un cowboy, bueno ¡puede ser mexicano!
Empezamos entonces a convocar a dibujantes y guionistas con historietas que ya sabíamos que estaban dentro de eso, como Domingo Mandrafina o Jorge Morhain -Los Manuscritos Apócrifos de La Conquista,que es de ellos, era algo que queríamos publicar porque era material muy bueno que había salido en la revista Turay-. Fuimos acopiando páginas y, después de varias demoras, logramos sacar el número uno de cada revista: Rebrote de la Historieta Nacional -dirigida por Avila-, que era la revista madre, con formato revista; y luego, en formato apaisado y tamaño pequeño, a la vieja usanza, Zona Cero -dirigida por Charlie Casares-; y ¡Moreira! -que la dirigía un servidor-, de temática gauchesca e histórica. El número uno salió en 2014, el número dos demoró mucho más de lo previsto en salir... y el número tres, todavía no salió (risas).

¿En qué falló esto para Ud.? ¿Dónde está el error?

— Nosotros hicimos lo nuestro al aportamos el material. Yo creo que el editor no previó los problemas que iba a tener a medida que se desarrollara la cosa, y bueno... Hubo más problemas de los previstos: económicos, de distribución.

¿El editor dio excusas o cuando dejaron de salir las revistas directamente les dijo 'muchachos, no hay plata'?

— El editor siempre dice "ya están por imprimir" (risas), para él, siempre la semana que viene ya va a estar. Pero bueno, después de tanto tiempo uno ya lo toma con pinzas.

¿Y Ud., pasado este tiempo, cómo se considera en relación a este proyecto?

— Yo en este momento me considero más afuera que adentro pero por otro tema que tiene más que ver con el grupo. Tuvimos una baja, se murió Víctor Segovia... y luego empezaron además los desacuerdos acerca de cómo desarrollar el grupo, se empezaron a hacer libros con los que yo no estaba de acuerdo... En definitiva, yo empecé a hacerme a un lado porque, evidentemente, el problema era yo (risas). O sea, si el que no estaba de acuerdo era yo, la mayoría tiene derecho a hacer lo que quiera ¿no?
Igual, banco al grupo, banco lo que hagan pero ya desde una posición más de afuera.

Durante mucho tiempo Ud. dibujó las historietas del Pato Donald, uno de los trabajos por los que más se lo reconoce. Vamos a remontarnos a los tiempos en que concluyó ese laburo ¿Cuál fue su siguiente paso?

— “El Pato Donald”como trabajo comenzó a declinar yo diría que en 2010, cuando dibujé las últimas páginas para Disney Dinamarca, que era el lugar para el que trabajé durante quince años -se publicó en Egipto, Polonia, Finlandia, España, en Emiratos Árabes, incluso Estados Unidos; menos en Argentina, en todos lados-, me dieron tiempo para ir buscando otra cosa hasta que se acabó. Entonces contacto con KaBoom! de EE.UU., donde también hacían Disney, y dibujo una historieta en la que participaban con sus páginas otros dibujantes, las Duck Tales, una aventura extraordinadia donde aparecían todos los personajes: “El Pato Darkwing”, “El Tío Rico”, los sobrinitos, “El Pato Donald”; los guiones eran de Warren Spector, que era guionista de los videojuegos, bastante conocido en ese terreno. Luego contacté con Sanoma, una editorial holandesa que hacía Disney, e hice varias páginas; pero ya no era la continuidad que yo había tenido con Dinamarca. Como al mismo tiempo yo ya estaba dándole más importancia a la historieta de autoría propia, que contara cosas nuestras, perdí un poco el interés en seguir buscando por el lado de afuera. Lo que terminó de decepcionarme fue un laburo que hicimos con Szilagyi y Gaspar González -ellos pasaban a tinta, yo hacía el lápiz-, y que se llamaba Savage Beauty, para la editorial Moonstone de Estados Unidos y que, lamentablemente, luego de dibujar sesenta y seis páginas, nunca pudimos cobrar.

¿Esa no es la historieta que luego rescató Ud. con Carlos Scherpa? ¡Es buenísima!

— Claro, es esa, me alegra que le haya gustado. Después de unos años, cuando ya quedó claro que no la íbamos a cobrar nunca -repito el nombre de la editorial para que nadie se vuelva a clavar: Moonstone-, en una charla con Oenlao (Carlos Scherpa), acordamos: "hagámosle otro guión". Entonces el hombre y yo, en base a los dibujos -que no fueron cambiados- que tenían otro guión típicamente imperialista donde los blancos son buenos y los negros son malos, le cambiamos la historia, hicimos un guión anti imperialista donde las protagonistas, en vez de ser yanquis, eran una argentina y una brasileña.
Y el guión tiene dosis de humor, de delirio tanguero... ¡y fue muy divertido hacerlo! Incluso hay partes donde las protagonistas hablan de historietas, de Columba. Esto fue en una época en que los trabajos que uno hacía para afuera costaba mucho cobrarlos, había muchas dificultades para ingresar dinero al país. Todo eso me fue cansando también, y sumado a mis ganas de volver a lo histórico, a lo nacional, hicieron que deje de trabajar prácticamente para afuera e hiciera cosas para acá, no sólo historietas. Para Fabro he hecho tapas de libros, ilustraciones, la historieta “Tercos de la Historia Argentina”, que son biografías de protagonistas de nuestra historia para la revista Terquedad. Son historias a color, de una página.

¿Qué historias contó?

— Empecé con Petrona Simonino, heroína de la Vuelta de Obligado. Después está Martiniano Chilavert, héroe de la Batalla de Caseros, un artillero que no dejó pasar a los brasileros, les tiró hasta con piedras. Y luego, a sugerencia del editor, no sólo guerreros. En otros campos, están Leonardo Favio, Nelly Omar...

¿Cuántas historias viene contando?

— Alrededor de siete u ocho. Y fueron coloreadas por Ramón Gil.

¿Qué periodicidad tiene la revista?

— Ninguna (risas). Sale cuando el editor encuentra el momento. Lo mismo que esta otra revista que está en sus manos, querido Ariel, Aquel Buzón, donde el año pasado me han republicado la primera aventura de Orquídeo Maidana.

¿Ud. no tiene un entripado, un asunto pendiente, una historieta que no haya contado y que tenga muchas ganas de hacer?

— Yo creo que tengo muchas. Ideas y ganas tengo montones. El tema es que ahora me está interesando mucho lo de escribir; este ejercicio que estoy realizando con lo de los Grutynos, me acerca a una intención que tengo desde hace tiempo de escribir las cosas que he visto, que he protagonizado y vivido de cerca de la época de la historieta. O hacer alguna novela en base a eso.

¿Sus memorias?

- Esa es la idea. Sólo espero no tener más trabajo (risas). Es como le decía, no me gusta hacer dos cosas al mismo tiempo... Y quiero que cuando me dedique a escribir eso sea algo exclusivo, que una vez que me ponga no tenga la necesidad de dispersarme con otra cosa. Yo al trabajo lo vivo así, como algo que requiere dedicación plena.

¿Usted tiene pensado jubilarse?

- ¡Sí, claro! Yo estoy a punto de cumplir sesenta y cinco años, y cuento con eso para poder ponerme a escribir tranquilo. Porque aunque sean dos mangos, si son dos mangos que yo sé que los cobro a fin de mes, me da la libertad de decir "hago lo que quiero y se acabó". Todo eso influye en por qué no hago determinados trabajos, aunque tampoco les digo que no a los que me llegan, pero tampoco ando buscando así, a la desesperada ni mucho menos.
Son etapas. Después de cuarenta y cuatro años de dibujante, uno ya espera liberarse un poco de obligaciones y hacer más que nada lo que siente.

(*) Redactor especializado en cómics.

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